sábado, noviembre 25, 2017
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Días en el diván. De la euforia al hastío, retrato de un núcleo irradiador

Ah, che bellu ccafè // pure ‘n carcere ‘o sanno fà // co’ ‘a recetta ch’a Cicirinella // compagno di cella ci ha dato mammà.

FABRIZIO DE ANDRÉ, Don Raffaè

Mientras el director de La trivial recibe clases de italiano en Terrassa, su escuadrón relámpago, llámenlo Blitz si quieren, yo lo llamaré Objeto Turístico No (muy) Descriptible, toma un tren sellado en dirección al núcleo de España: Madrid, la capital de Felipe II. Cuatro perspicaces enviados especiales cuya tarea de irradiar, siempre intelectualmente, ha sido realizada de forma sugerente. ¡Qué gran placer es tomar un AVE y en dos horas llegar de Barcelona a Madrid! ¿Diría Ortega y Gasset algo diferente en cuanto a las vértebras de España? España es pionera en quilómetros de tren de alta velocidad a nivel mundial. En tierras manchegas, hay veces que una buena leche a mano abierta a la altura de la C3, o incluso de la C4, te aclara las ideas. El AVE es una exageración. Lo del collejón no.

Aunque Schopenhauer diga que “la soledad es la suerte de los espíritus excelentes”, los humanos somos animales un poco sociales. Han sido unos días de lectura y deporte. Han sido unos días tranquilos. ¡Y tan tranquilos! He estado leyendo España en el diván, una recopilación de La España de los pingüinos, La deriva de España y Modesta España, escritos todos por el periodista Enric Juliana. Una lectura que recomiendo, más allá de porque “es un enorme escritor, capaz de transformar un análisis político en ese poema que late en lo más hondo de la crónica periodística”, como diría Gabriel Magalhães, sino por otra razón. La historia es una manera de ver la vida, de analizar la realidad y los que venimos de ese campo no podemos separarnos de esta mirada siempre más serena, más templada. El subtítulo del libro de Juliana incluye “retrato de una década decisiva (2004-2014)”. Digo esto porque la situación política española ha cambiado tanto y tan rápido que a veces parece que, como le dijeron a un amigo mío, nos pensamos que el mundo empieza cuando nacemos. Como si todo fuera presente. Un libro para mirar con perspectiva. Un libro para reflexionar sobre el Decenio Engañoso de forma sosegada. En el debate político de la actualidad, no hay tiempo para pensar en los tiempos en los que España iba bien, cuando ir a Italia y decir que eras español suponía recibir elogios a tu país. No hay tiempo para hablar del contexto internacional de tensión en el que se enmarcó la transición española, ni hay tiempo para pensar en el papel que han jugado la división en 17 autonomías del territorio. Tampoco hay tiempo para mirar los mapas, o como escribe el autor, mapas, mapas, mapas. Es interesante el apunte, creo sobre Pasqual Maragall, cuando dice que no es un gran lector pero que ha sabido rodearse de personas muy lectoras. No sé el motivo pero encontré esta reflexión fascinante, puede que siempre sea atrayente lo que justifica aquello que está bien y no haces. Siempre pienso que debería leer más, y cuando luego nos juntamos con los compañeros de la revista y comentamos algún libro durante una buena cena o un colombiano café, pienso en esta frase. Al final no deja de ser un armazón casi intelectual para desarrollar reuniones tan banales como una cena de amigos. Y tan necesarias. Aquello que te apacigua cuando te sientes culpable de no hacer aquello que debes.

¿Mi recomendación? Busquen el libro y léanlo. Yo, estos días, he aprovechado para maquetar la revista del mes de agosto. He tomado café, no sé si cuando tomo café las ideas marchan como un ejército, Balzac creía que sí. Estos días de café y libros, un retiro espiritual en la cotidianeidad desconocida. La cárcel del no-viajante. En los días impávidos, los días para estoicos, en la celda del que no viaja, es cuando se aprende a bailar con el tiempo, como una amante cansada, como un romance contemplativo, como aquel soldado que vuelve solo de la guerra, una supervivencia de barrotes y gris.

Lunes día 27 de julio, medianoche, cojo mi Seat Altea poco aseado, no yo, el coche, y voy en dirección a la ciudad del Mediterráneo, con permiso de Estambul. En seguida me doy cuenta que a esas horas Barcelona es una ciudad con poco tránsito, lo cual se agradece, y también lo agradece De André que se deja escuchar mejor. Algún escritor de la revista y amigo me reprocharía amigablemente que me tome tan en serio lo de aprender italiano. De noche, calmoso, relajado, yendo a recoger gente con un coche y conduciendo por la ciudad, no se puede menos que pensar un poco en Taxi driver. Llego a Sants, vislumbro un corrillo de gente a lo lejos, con pulseras purpúreas, unas revistas Circulares rectangulares y mochilas desaliñadas. Están: el alto de porte quijotesco, el flaco de las gafas y un par más. Suben en el coche sin demasiada efusividad, hay cansancio. Volvemos a nuestra aldea por la Avinguda Roma. Ahora toca explicar el fin de semana. Ahora toca irradiar.

Roc Solà

Història a la Autònoma de Barcelona. L’Enric Parellada em va obligar a crear un blog i des de llavors porto La Trivial al cor.

https://rocsola.wordpress.com

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