martes, noviembre 21, 2017
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De los malos de Batman

Por Carlos Cascón

 

Decía John Parnell Thomas, interpretado por James DuMont, en la película Trumbo, que «el cine posee el mayor poder de influencia jamás creado», y que además, por aquel entonces estaba «infestado de traidores ocultos» (Roach, 2015).

No pretendo adentrarme ahora en las políticas anticomunistas del congreso de los Estados Unidos a mediados del siglo pasado, pero sí creo que habría que darle la razón a nuestro personaje. Más de cinco décadas después, el cine sigue siendo un gran medio de influencia, y no es el único de su campo, está acompañado de las series, la publicidad, o incluso, tal vez para una generación un poco más joven, los videojuegos.

Sin embargo, creo que puede tener más importancia el segundo precepto de su enunciado. No estoy diciendo que el cine se halle ahora amenazado por un grupo de guionistas comunistas, pero sí diría, y creo que es lo que J. Parnell está afirmando, que el cine es una herramienta ideológica, que hay mucha política dentro de la pantalla, y que está muy lejos de ser un elemento neutral.

Probablemente no haya dicho nada nuevo para muchos de los lectores, pero consideraba correcto poner una base para introducir el propósito de este artículo. A saber, tratar de poner de relieve la política inserta en la conocida trilogía del héroe Batman, dirigida por el conservador Christopher Nolan.

Si bien el trabajo que lleva a cabo Nolan está compuesto por tres películas: Batman Begins, El Caballero Oscuro, y El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace, probablemente nos valga sólo con las dos últimas para explicitar lo relativo a la cuestión política e ideológica de éstas, algo que haremos a través de sus principales personajes, los villanos.

«Joker: Mira, su moralidad, su ética, es una gran mentira, se olvidan a las primeras de cambio, sólo son tan buenos como el mundo les permite ser. Ya verás, cuando las cosas se tuerzan, esos individuos civilizados se matarán entre ellos, yo no soy un monstruo, sólo voy un paso por delante.» (Nolan, El Caballero Oscuro, 2008)

En primer lugar, comenzaremos por el Joker del brillante Heath Ledger. Este villano, para quien no lo conozca, se presenta como un psicópata disfrazado de payaso, con un carácter sumamente excéntrico gustándose de que los demás le tachen de loco. Si bien lo importante ahora va a ser el ver cómo, a lo largo de toda la película, el Joker va a construir un proceso en dos tiempos bajo el que tratará de vencer a Batman. Rechazando una confrontación física de la que se sabe perdedor, ganará la batalla del relato.

Sería extraño acusar a un personaje como el Joker, considerando cómo se nos presenta, de tener una actitud política o ideológica, sin embargo, ya podemos ver cómo se posiciona en el primer paso del mencionado proceso. Nuestro villano, va a afirmar, en primer lugar, que todo valor ético, especialmente el bien y el mal, no son más que una gran mentira. Desde una visión nietzscheana, diríamos que el Joker ha comprendido que aquello que tenemos por conceptos no son más que el hecho de la muerte de las metáforas, que todo aquello que llamamos verdad no es más que «una multitud movible de metáforas». (Nietzsche, 1970) Cuando el Joker alegue que va «un paso por delante», va a referirse en que ha sido capaz de comprender que la moral a la que se agarran los humanos no es más que ficción, capaz de ver la inutilidad de los principios, capaz de situarse en una actitud de disolución de los valores éticos, los cuales sólo son propios de la falsa seguridad a la que trata de adherirse la humanidad.

Si bien, probablemente lo más importante sea la segunda parte del proceso, aquello que se deduce de la primera actitud del Joker. Si la gente se apoya en una falsa seguridad proporcionada por los valores éticos, si es incapaz de reconocer que sus conceptos de bien y mal carecen de realidad esencial, significa que es, desde la visión de nuestro villano, profundamente estúpida, y además de estúpida, cobarde.

De este modo, la actitud del Joker resulta en una fuerte demofobia, desde la visión del villano «la gente» va a comenzar a entenderse de una forma despectiva. El problema está ahora en que Batman va a darle la razón, va a afirmar que «a veces la verdad no es suficiente, a veces la gente se merece algo más, a veces la gente se merece una recompensa por tener fe.» (Nolan, El Caballero Oscuro, 2008) El héroe, va considerar que la verdad sería demasiado para la gente, como si esta fuera estúpida y cobarde, Batman va a comprar el discurso del Joker hasta el punto en el que va a apuntalar lo que en las acertadas palabras del siguiente villano, Bane, va a ser un «ídolo falso» (Nolan, El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace, 2012).

«Bane: Les arrebataremos Gotham a los corruptos, a los ricos, a los opresores de generaciones que os han tiranizado con falsas oportunidades, y os la devolveremos a vosotros, al pueblo.» (Nolan, El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace, 2012)

En segundo lugar nos encontraremos con Bane, un villano que se va a caracterizar por la contundencia discursiva en sus apariciones ante el público en una película donde la demofobia se va a mostrar de una manera mucho más explícita. Bane va a sacar a la luz la mentira que se había impuesto sobre la ciudad, va a mostrar la falsedad de su ídolo, va a ser capaz de construir un relato del lado de la verdad, y durante toda la película eso se va a presentar en sus consecuencias como el lado del terror.

Tal y como había previsto Batman, la verdad va a ser demasiado para la población, que va a entrar en un estado de violencia y locura, llegando a constituir lo que se va a denominar como un «estado fallido» (Nolan, El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace, 2012). Al ganar el nuevo villano la batalla del relato, durante todo el largometraje se va a insistir continuamente en que el pueblo, como concepto, es algo malo, la gente, va a pasar a entenderse como chusma, como elemento de delincuencia y criminalidad del que sólo puede salvar la policía.

De este modo, lo que el Joker había predicho, Bane viene a confirmarlo, haciendo que la trilogía culmine en la conversión a una continua advertencia contra lo que se va a entender como la «chusma» en tanto que «gente» o «pueblo» interpretados de manera despectiva.

En esta lectura de los hechos en ambas películas, se puede apreciar una ideología y una actitud políticas que van más allá del carácter de unos villanos y que saltan la pantalla como mensaje directo al espectador. La posición demofóbica en la decide situarse el discurso de los hechos, muestra el elevado pensamiento conservador del director y la ideología política que transmite la película.

En definitiva, espero que haya quedado acreditado que el cine, lejos de ser neutral, puede ser una herramienta ideológica de gran influencia. De modo que no se trata de pensar esta trilogía que hemos utilizado ahora a modo de ejemplo como un hecho aislado, sino de buscar las grandes tendencias y de saber poner de relieve la actitud política que se da en ellas. De poder ver cómo se conforma una cultura a través de la manera en la que se narran los hechos que aparecen en la gran pantalla.

Bibliografía

Nietzsche, F. (1970). Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, Obras completas, Volumen I. Buenos Aires: Ediciones Prestigio.

Nolan, C. (Dirección). (2008). El Caballero Oscuro [Película]. Reino Unido, Estados Unidos: Warner Bros. Pictures.

Nolan, C. (Dirección). (2012). El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace [Película]. Reino Unido, Estados Unidos: Warner Bros. Pictures.

Roach, J. (Dirección). (2015). Trumbo [Película].

 

 

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