martes, septiembre 26, 2017
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CREED, recomendación cinematográfica

CREED

por Joan Montana

 

Y todo empezó con aquel enorme cuerpo musculado, moldeado por el propio Ares a su imagen y semejanza. El hombre se quitó la bata, que le cubría de norte a sud y de este a oeste, y con un torso que cegaría al propio Apolo, sacó el miembro viril para apaciguar a la mujer, sedienta de placer. Hablo de “The Party at Kitty and Stud’s” (1970), película pornográfica protagonizada por Silvester Stallone, la cual pasó a llamarse “Italian Stalion – Porno Proibito” después del salto a la fama del actor, pues Italian Stalion (“potro italiano”) es el apodo con el que sería conocido el boxeador fantástico más mítico de la historia del cine: Rocky Balboa (“Rocky” – 1976).

 

En la séptima –repito: séptima– entrega de la saga, Stallone vuelve a interpretar al campeón italo-filadelfiano pero, por fin, alguien le convenció de no reventarse a puñetazos contra un jovenzuelo musculado –seguramente tiene algo que ver con el hecho que esta sea la primera película no escrita por el viejo bribón de Sylvester–, pues esta vez se convierte en el entrenador del hijo bastardo de su ex-enemigo/rival/amigo/”bro”, Apollo Creed. El joven se hace llamar Adonis Johnson, repudiando el apellido de su padre, ya que quiere forjarse un nombre por sus propios méritos y no por ser el hijo del gran Apollo –idea central sobre la cual gira el film–.

 

La película es espectacularmente épica en los momentos que tiene que serlo, un ejemplo es el no abusar de la música que hizo mítica la saga, en vez de esto, introducen nuevos estilos musicales que se adaptan a la juventud y contemporaneidad del protagonista. Pero que los amantes del Rocky de toda la vida no se desesperen, pues el film no tiene nada que envidiar a sus predecesores: lecciones de lo dura que es la vida y la importancia del esfuerzo para conseguir tus objetivos, están presentes en ella, junto con un montón de guiños que los fans disfrutarán. Aún qué esta vez el “potro italiano” no pelea en el ring, deberá demostrar que predica con el ejemplo, librando una dura batalla contra una enfermedad, luchando codo con codo con el “nuevo potro”, el cual demostrará ser un verdadero campeón, poseedor de lo mejor de su padre, Apollo, y de su maestro, Rocky.

 

Todo lo dicho hasta ahora se puede deducir con los tráiler que se encuentran en internet, por lo tanto recomendaría la película solo a los fans, ya que saben a lo que se enfrentan y no esperarán, ilusamente, un guión brillante o una trama rebuscada que les haga pensar demasiado. Siguiendo en esta línea, la magnífica actuación de Stallone que, incluso después de siete películas, muestra un personaje trabajado y que sigue despertando amor y simpatía entre sus seguidores es, según mi opinión, la única que merece la pena ser salvada. Además, el ambiente que se respira es muy “rockyano”, al igual que la épica, hecho que demuestra que el film va dirigido a un público concreto, un público que ha llorado y ha reído, que ha sufrido y se ha motivado, des de hace cuarenta años, con el boxeador fantástico más mítico de la historia del cine.

 

 

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