Lunes, Julio 24, 2017
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Corrupción y deporte. No se trata de manzanas podridas

Luis Javier Ruiz-Cazorla

Introducción

El núcleo central de mi enfoque del problema de la corrupción en el mundo de Deporte lo constituye la crítica de la concepción heredada del deporte, que bajo la forma de un gran relato de la Modernidad se originó en el siglo XIX, intrínsecamente vinculada al Olimpismo Moderno y su sistema de ideas y que en poco más de un siglo se extendió por todo el mundo  dando lugar a un modelo deportivo institucionalizado, de competición y espectacular, de enorme éxito en su dimensión comercial, pero fracasado en las pretensiones emancipadoras con las que ha pretendido legitimarse por fomentar la corrupción y las desigualdades políticas, económicas y sociales.

Dicho modelo, con sus ideologías, mitos, creencias, valores, etc., se ha constituido además como paradigma hegemónico tanto en la epistemología académica de las Ciencias de la Actividad Física y el Deporte (CAFD) como en las representaciones sociales (RS) del mismo que circulan en los medios de comunicación y en la vida cotidiana. Resulta imprescindible para comprender el problema de la corrupción referirnos al papel que juega el grupo social que conforma en el campo científico deportivo lo que Edgard Morín denomina ‘Intelligentsia’.[1] Dicho grupo viene a desempeñar una función de primer orden para garantizar la supervivencia del sistema deportivo pues es el encargado de racionalizar todas sus contradicciones y reforzar su legitimidad, desempeñando de este modo lo que el sociólogo francés J-M Brohm califica como ‘colaboración orgánica’. Con esta expresión, define la participación de responsables políticos, universitarios y mediáticos en la difusión de una falsa ‘cultura deportiva’ que elude el debate sobre los problemas del deporte real para fantasear sobre un deporte idealizado.[2]

Por ello, y para situar el problema de la corrupción en el deporte, abordaré en primer lugar otro problema que le antecede y le condiciona como es el del déficit de conocimiento científico del Deporte como objeto de estudio de las Ciencias Sociales y más específicamente de sus ciencias equivalentes en las CAFD.

A continuación me referiré al tema de la corrupción en el deporte tratando de dibujar el problema concreto y su relación con el núcleo del sistema deportivo y de las  representaciones sociales del deporte.

Finalmente analizaré el llamado Caso Urdangarín, como muestra concreta de la naturaleza estructural de la corrupción en el deporte moderno, y de cómo es debida a su propia lógica interna y a su inserción en el modelo económico neoliberal del capitalismo tardío.

  1. La Intelligentsia deportiva[3] y el déficit de conocimiento científico sobre el ‘mundo deportivo’

El principal obstáculo que nos encontramos para abordar problemas asociados al Deporte, como es el caso de la corrupción, hacer un diagnóstico adecuado de los mismos y plantear soluciones, es precisamente el de la falta de un conocimiento riguroso y científico del deporte como objeto social e histórico.

Lo primero que llama la atención cuando se aborda el estudio del deporte desde la perspectiva de las Ciencias Sociales es la forma en que se ha ignorado/ocultado su dimensión histórica y política bajo un manto de idealismo abstracto y de valores trascendentes a la realidad social.

Debería parecer una obviedad hablar de la concepción heredada de un fenómeno social como el deporte, ya que la construcción de cualquier objeto social es siempre deudora de su pasado histórico. Como señalara el sociólogo francés Marcel Maus (1971), por muy novedoso y original que pueda parecer “… todo hecho social está cargado de pasado, es fruto de lejanas circunstancias y de múltiples conexiones históricas y geográficas, que no pueden separarse nunca completamente, de su colorido local y de su realidad histórica, ni siquiera haciendo uso de la más poderosa abstracción.” [4]

Sin embargo, lejos del rigor historiográfico y sociológico, la forma en que el campo deportivo se ha enfrentado con su pasado ha estado históricamente más centrada en asegurar su legitimación mediante un Gran Relato del Deporte, construido bajo el espíritu emancipador de la Modernidad. Numerosos estereotipos y atribuciones dadas por evidentes circulan en los discursos institucionales y en las RS del deporte, dificultando un conocimiento lo suficientemente riguroso sobre el mismo, la comprensión de los fundamentos  filosóficos o ideológicos de sus instituciones y de su sistema de ideas, o sus conexiones con las políticas económicas y sociales. Un conocimiento que es imprescindible para que el sistema deportivo pueda dar respuesta a los problemas sociales que le afectan o que él mismo genera. Partiendo de esta perspectiva puede comprenderse que desde sus inicios históricos en el siglo XIX el modelo deportivo se haya configurado como un sistema de ideas de naturaleza doctrinaria en el que han predominado los procedimientos de racionalización e idealización respecto a esa concepción del deporte heredada de la Modernidad

Es por ello que cobra sentido una tarea problematizadora y deconstructiva de la concepción heredada sobre la que se ha construido el deporte contemporáneo, sin perder de vista en ningún momento las funciones sociales y políticas que a lo largo de su historia ha desempeñado el deporte como Gran Relato de la Modernidad y aparato ideológico del Estado. Un deporte ahora transnacional y plenamente globalizado, al igual que el sistema capitalista en el que se encuentra integrado.

Uno de los principios nucleares del Gran Relato del Deporte Moderno, nacido en el s. XIX de la mano del Olimpismo y de las élites aristocráticas y burguesas, es precisamente el de la ‘igualdad de oportunidades’.

Constituye uno de los pilares ideológicos del deporte como modelo social de justicia que se ve peligrosamente cuestionado por la proliferación del dopaje. La alarma de las instituciones y su ‘intelligentsia’ se justifica precisamente por la pérdida de legitimidad social que  cada caso de dopaje supone para el modelo deportivo de competición.

Sus discursos abordan el fenómeno del dopaje desde la ingenuidad y el moralismo, atribuyéndolo a una contaminación de la pureza intrínseca del deporte por factores exógenos como la excesiva comercialización, el poder del capital, el mercantilismo, personajes desaprensivos, en definitiva manzanas podridas en el puro e inocente cesto deportivo. Estos patéticos esfuerzos tratan de situar el debate en el terreno de la moralina, ocultando la vinculación del dopaje con la propia lógica interna, competitiva y meritocrática del modelo deportivo, con su carrera desenfrenada por el récord y los éxitos deportivos. Lógica que es común a la que rige el sistema capitalista neoliberal en el que el deporte se encuentra inserto y nos demuestra que es el propio sistema deportivo el que genera los males que intenta combatir. El individualismo competitivo intenta justificar la desigualdad y la jerarquía mediante la clasificación de resultados, y mantiene nuestra creencia de que el universo deportivo es un lugar justo, proporcionando a los individuos la convicción de que pueden controlar su destino.

De ese modo se produce la objetivación de la ‘falsa conciencia’ a la que se refiere J. M. Brohm cuando habla de inversión antidemocrática de los valores, mistificación y enmascaramiento de las relaciones sociales.  En este caso de los valores de ‘igualdad de oportunidades’ y de ‘justicia’, ambos nucleares para el modelo deportivo de competición y que se ven cuestionados por el dopaje. Vemos pues, cómo la racionalización que conlleva el thema[5] del ‘citius, altius, fortius‘ y todos los valores individuales asociados al mismo no puede disociarse del proceso de legitimación de la estructura social y de dominación política o económica, es decir, del sistema de producción capitalista en su expresión actual más globalizado y salvaje.

Por desgracia en el campo de las Ciencias de la Actividad y el Deporte reina un consenso sorprendente frente a dicha concepción heredada, más propio de las grandes doctrinas religiosas que del conocimiento científico. Ello es debido en gran parte al aislamiento epistemológico y al narcisismo institucional [6] que históricamente han caracterizado al campo científico deportivo, impidiendo el cuestionamiento de mitos, themata[7] y estereotipos, y dificultando la producción de respuestas a los problemas sociales y políticos relacionados con el fenómeno deportivo.

Un aspecto clave en relación con la concepción heredada del deporte y de las consecuencias epistemológicas de ese Gran Relato del Deporte Moderno ha sido el de convertirse en el paradigma dominante del campo científico deportivo, es decir, de las CAFD. Como paradigma dominante en el ámbito académico, de la docencia, de la investigación, de la formación del profesorado de educación física y de técnicos deportivos, o de las revistas de divulgación científica. Así, los themata nucleares de la concepción heredada han orientado y condicionado las investigaciones, los enfoques del objeto de estudio, las metodologías, y las interpretaciones de resultados,  así como la selección de las publicaciones por parte de las revistas o las políticas institucionales derivadas de las investigaciones.

  1. El suma y sigue de la corrupción en el deporte

Otro escándalo de corrupción acaba de estallar en el idílico MUNDO DEL DEPORTE y del MOVIMIENTO OLÍMPICO cuya naturaleza maravillosa y emancipadora es desmentida día tras día por la cruda realidad. [8]

Un informe sobre dopaje masivo en el atletismo, difundido por la televisión pública alemana ARD y el Sunday Times” ha encendido de nuevo las luces de alarma en el establishment deportivo. El informe acusatorio se basa en 12.000 controles antidopaje a 5.000 atletas entre los que se encuentran numerosos campeones olímpicos y mundiales. El informe señala además de forma acusadora a la máxima institución del atletismo mundial (IAAF) por no investigar ni actuar, y por intentar ocultar los casos de dopaje.

Suma y siguen los episodios de corrupción, porque este sale a la luz cuando aún no se había enfriado la repercusión de las detenciones en la cúpula de la FIFA y la dimisión de su presidente Joseph Blatter por la recepción de comisiones a cambio de la concesión de sedes para la celebración de los mundiales de fútbol.

Ahora resurge el affaire del dopaje, que de forma recurrente y cíclica sale a la luz a pesar de los aparentes esfuerzos de instituciones y gobiernos en ponerle fin. Los crédulos que viven en los “Mundos de Yupi” se echan las manos a la cabeza y la ‘intelligentsia’ deportiva se esfuerza desesperadamente en racionalizar los escándalos. En su aparente ingenuidad, los adoradores incondicionales del deporte ignoran una realidad fundamental, los casos de corrupción asociados al sistema deportivo nacen de la misma estructura del modelo, de los principios nucleares que regulan su funcionamiento, plenamente coincidentes con la lógica interna de un sistema económico capitalista globalizado y de una ideología neoliberal extrema.

Podemos ilustrar el tema que nos ocupa con algunos de los casos más sonados en los últimos años:

-Los sobornos para la adquisición de la sede olímpica que se destaparon con los JJOO de Salt Lake City de 2002;

-El de apuestas ilegales y partidos de fútbol amañados en Italia de junio de 2011 y reeditado a finales de ese mismo año (Simone Farina, jugador del Gubbio, de Segunda, rechaza 200.000 euros por amañar un partido);

-Las denuncias de la Federación Inglesa de Futbol contra miembros del comité ejecutivo de la FIFA en 2011 por conceder la sede del Mundial de Fútbol de 2018 a cambio de favores;

-La detención en mayo de 2015 de siete miembros de la cúpula de la FIFA y la dimisión de su recién reelegido presidente J. Blatter por la corrupción generalizada de esta institución.

En España hemos tenido además multitud de episodios nacionales propios de corrupción deportiva. Cualquier interesado/a puede consultar una relación exhaustiva de casos de dopaje en la Wikipedia.  Aquí me limitaré a citar las más conocidas, debido a su articulación en forma de tramas mafiosas:

  • La Operación Puerto de 2006, que permitió desarticular una red de dopaje liderada por el doctor Eufemiano Fuentes. Dicha red ofrecía diversas prácticas ilícitas para mejorar el rendimiento de sus clientes deportistas: hormonas (incluyendo EPO, testosterona y otros anabolizantes), medicamentos y transfusiones sanguíneas. Las investigaciones de la Guardia Civil comenzaron en febrero de 2006 y desembocaron en detenciones y registros el 23 de mayo, fecha en que se conoció la existencia de dicha operación. Se anunció entonces que entre los clientes de la red de dopaje desarticulada había futbolistas, tenistas, ciclistas y atletas.
  • La Operación Grial de 2009, que permitió desarticular otra red de dopaje liderada por el doctor Walter Virú; dicha red ofrecía diversas prácticas ilícitas para mejorar el rendimiento de sus clientes deportistas: hormonas (incluyendo EPO y hormona de crecimiento) y medicamentos. Las investigaciones de la Guardia Civil comenzaron en agosto de 2009 y desembocaron en detenciones y registros el 24 de noviembre, fecha en que se conoció la existencia de dicha operación.
  • La Operación Galgo de 2010 que desarticuló otra red de dopaje. Las investigaciones de la Guardia Civil comenzaron a finales de 2010 y desembocaron en detenciones y registros a comienzos de diciembre. Fueron detenidas 14 personas como posibles autores de delitos contra la salud pública en Madrid, Las Palmas, Alicante, Segovia y Palencia. Se efectuaron también 15 registros domiciliarios en los que se intervinieron anabolizantes, esteroides, bolsas con sangre y material de laboratorio para realizar transfusiones sanguíneas. Aunque la operación no concluyó en condenas debido a fallos en el proceso de instrucción, sí puso de manifiesto la extensión del dopaje en la élite del atletismo.
  • La Operación Babel de 2010, también conocida como caso Nóos o caso Urdangarín. Es un caso de corrupción deportiva que comienza como un caso derivado del caso Palma Arena al ser encausados los dirigentes del Instituto Nóos, Iñaki Urdangarin y su ex socio Diego Torres. Los cargos por los que están imputados por la Fiscalía Anticorrupción son malversación de caudales públicos, apropiación indebida de fondos públicos, fraude a la Administración, prevaricación, falsedad y blanqueo de capitales. Delitos todos relacionados con el ‘mundo del deporte’ y el manejo de fondos públicos para eventos o instalaciones deportivas.

Así pues, la corrupción no es exclusiva de personas o países, ni mucho menos se trata de ‘manzanas podridas’ como intenta racionalizar la ‘intelligentsia’ del campo deportivo, para salvaguardar la legitimidad del mundo del deporte, de sus negocios y de sus beneficios. Estamos ante una naturaleza corrupta del sistema deportivo. Una corrupción que es extensible al modelo deportivo de competición, occidental, de origen anglosajón, elitista y difundido internacionalmente en los últimos cien años, especialmente de la mano del Movimiento Olímpico y del COI, de federaciones internacionales como la FIFA o la IAAF, de los Estados y de las grandes corporaciones que participan del negocio de la ‘industria deportiva’.

3.       Caso Urdangarín: paradigma de la corrupción estructural del Modelo Deportivo

Volviendo sobre la Operación Babel, tanto en el caso de Iñaki Urdangarín como en el de Pepote Ballester, el ‘cursus honorum’ de los protagonistas presenta una trayectoria que tiene mucho que ver con los valores de búsqueda del máximo rendimiento, del récord y del éxito a toda costa que se promueven desde el campo deportivo. A ambos sujetos se les rindió culto en su momento como ‘dioses del estadio’. Escalaron puestos gracias al prestigio de su imagen como campeones olímpicos y a otros ‘méritos’ como sus vínculos y amistades con la casa real española. Y una vez encumbrados procedieron a obtener sus réditos en el lucrativo campo deportivo.

A finales de diciembre de 2011 la fiscalía anticorrupción hizo público su informe sobre la Operación Babel contra la trama de corrupción en el campo deportivo tejida por ambos personajes. Desde entonces, el levantamiento del secreto sumarial y la avalancha de noticias que le siguieron sacaron a la luz datos reveladores sobre la naturaleza ciertamente compleja de la sacrosanta ‘institución deportiva’ y de sus opacas prácticas financieras,

La ironía aparece por partida doble. Pues por un lado toda la trama de corrupción deportiva se tejió a partir de instituciones sin ánimo de lucro como la Fundación Nóos de I.Urdangarín o Illesport del Gobierno Balear, a las que luego se añadieron otras sociedades mercantiles para derivar los fondos públicos o privados (de patrocinadores) que se iban obteniendo con las primeras. Del Excmo. Sr. D. Iñaqui Urdangarín contaba la Casa del Rey (en su web oficial), que “En los últimos años, ha cultivado el interés por las cuestiones sociales y culturales, amén de las deportivas, intentando establecer caminos de diálogo entre unas y otras.”. Daba la impresión, a la vista del informe del fiscal anticorrupción, de que dichos ‘caminos de diálogo’ habían sido bastante lucrativos: destacaba entre otras operaciones para beneficiarse de la caja pública, la creación de una supuesta oficina para el desarrollo y la promoción del equipo ciclista Banesto, que había pasado a llamarse Illes Balears, la firma de contratos que no respetaban la legislación sobre contrataciones públicas, la organización de grandes eventos deportivos que nunca llegaron a celebrarse o la caza de jugosos patrocinios a cambio de nada. Posteriormente hemos conocido las responsabilidades de diversas instituciones públicas gobernadas por el Partido Popular, valencianas, baleares y madrileñas, que justificándose en el beneficio social del deporte, alimentaron con dinero público esta compleja trama de corrupción.

Por otro lado (y en este caso se ronda el sarcasmo) una de las organizaciones fantasmagóricas se llamaba Fundación Deporte, Cultura e Integración Social (DCIS). Como rasgo llamativo para ser una ONG, con una finalidad social y sin ánimo de lucro, DCIS presentaba el de ser propietaria de una empresa privada: De Goes Center for Stakeholder Management SL, el primer eslabón de una cadena societaria que conducía al paraíso fiscal de Belice y a cuentas en Reino Unido y, presumiblemente, en Luxemburgo. En 2007, De Goes transfirió a Londres 50.000 euros al tiempo que el Instituto Nóos enviaba otros 420.000 euros. DCIS tampoco se privó de captar clientes públicos, aunque con menor éxito que el Instituto Nóos, la asociación que obtuvo 5,8 millones de la Generalitat Valenciana y el Govern balear. Entre 2007 y 2009, DCIS recibió 144.000 euros del Ayuntamiento de Madrid por ‘ayudar a perfilar’ el lema de los Juegos Olímpicos de 2016, según el consistorio.

El caso Urdangarín y la operación Babel han supuesto una nueva y oportuna dosis de realidad para los predicadores la ‘religión laica de carácter universal‘ y del ‘humanismo deportivo, con su discurso opiáceo sobre la ‘educación en valores’ a través del deporte institucionalizado o los recurrentes tópicos que presentan el deporte como un ‘hecho cultural’, un ‘modelo de integración social’ o un poderoso ‘agente de socialización’.[9]

No estamos, en absoluto, ante un ‘caso aislado’ o la supuesta ‘desviación’ de un deporte que se presupone ‘puro’, compuesto de ‘valores universales’ y ‘trascendentes’. No se trata tampoco de un ‘exceso’ llevado a cabo por ‘agentes desaprensivos’ o ‘externos’ al sistema deportivo. Estamos ante realidades (al igual que los otros casos de corrupción citados más arriba) generadas por la propia lógica del modelo deportivo institucional y de competición, plenamente coincidente con la lógica mercantilista del neoliberalismo tardío en la que se apoya. Los principios de dicha lógica se resumen brevemente en la divisa olimpista del ‘citius, altius, fortius’: ideología meritocrática, competición exacerbada, culto al éxito, al récord y a los campeones, rendimiento como principio, ley del más fuerte, optimización de resultados, priorización de la dimensión espectacular, etc.

El ‘caso Urdangarín’ como tantos otros de corrupción deportiva, pone en cuestión la presentación del deporte como ‘modelo social’ que reposa sobre la aceptación sin reservas de un cierto número de principios cuyo núcleo central es el de ‘justicia’. El deporte constituye en efecto, a los ojos de muchos, el último bastión de una forma de justicia que da sentido al ‘principio meritocrático’. En tanto que se inscribe en la continuidad política y económica de las sociedades industrializadas y capitalistas, el deporte también se apoya sobre el reconocimiento de los méritos de cada uno para explicar las diferencias -sociales- entre los individuos (que se manifiesta en la jerarquía de rendimientos, la clasificación de resultados, el culto a los campeones, etc). El modelo deportivo, reposa por tanto, como el capitalismo, sobre la noción supuesta de la igualdad de oportunidades y sobre una justicia social construida por el conjunto de los actores. Sin embargo, la realidad cotidiana que vivimos, nos ilustra permanentemente de la irrealidad de esta pretendida justicia social, tanto del capitalismo como del sistema deportivo.

4.       Conclusiones

La concepción del deporte heredada de la Modernidad en forma de gran relato emancipador ha dado forma al modelo deportivo de competición vigente en la actualidad. La proliferación de casos de corrupción en el sistema deportivo atestigua el fracaso del gran relato del deporte con el que ha pretendido legitimarse desde sus orígenes. Pone de manifiesto la incapacidad del actual modelo deportivo, tanto a nivel institucional como de su sistema de ideas, para responder a los cambios sociales y llevar a cabo su proyecto emancipador de humanismo deportivo. Refuerza además las tesis de una parte de la teoría crítica del deporte que entiende como ilusorias las propuestas reformistas del deporte y del Olimpismo contemporáneos al encontrar la causa de sus ‘males’ en la lógica  intrínseca y funcional del propio modelo deportivo, estrechamente vinculado a la lógica del sistema de producción capitalista.

La problematización y deconstrucción del sistema de ideas del modelo deportivo y de sus propuestas emancipadoras constituyen pasos imprescindibles para desvelar las claves del fracaso de un gran relato que continúa siendo la base legitimadora del deporte contemporáneo y su maquinaria institucional. Esto ayudaría a establecer los aspectos esenciales del debate, es decir ¿en qué medida se pueden superar estas determinaciones intrínsecas al actual modelo deportivo y afrontar un proyecto humanista y emancipador desde el deporte?

La construcción de cualquier proyecto de emancipación a través del deporte, de un modelo deportivo realmente humanista, implica necesariamente afirmar nuestra capacidad de problematizar la realidad de un modo más acorde con los sucesos que ocurren a nuestro alrededor, abriendo el camino para nuevos conceptos y categorías, y formas de acción alternativas. Esta afirmación implica escapar de toda forma de idealismo abstracto procediendo en su lugar a una reapropiación de los contextos para poder plantearle nuevas problemáticas y postular nuevas formas de acción. Como sostiene Herrera Flores, “no hay alternativas al mundo; sino alternativas en el mundo”.[10]


[1] En definitiva se trata de indagar sobre los agentes productores del paradigma dominante o principios organizadores del conocimiento sobre los que se ha construido y se construye el sistema de ideas en el campo deportivo. El método IV. Las ideas. 1992, Madrid: Cátedra, pp. 65-70

[2]  Brohm, J.-M. La machinerie sportive (2002). Essais d’analyse institutionnelle. Paris: Anthropos Brohm, p.59

[3]Con este término me refiero, como adelantaba en la introducción, a  los miembros de las instituciones olímpicas, dirigentes políticos, revistas de divulgación científica, prensa deportiva, responsables educativos,  y demás agentes que controlan el contenido y el estilo del discurso sobre sobre el deporte en general y el Olimpismo en particular.

[4] Maus, M. (1971). Sociología y antropología. (T. Rubio, Trad.) Madrid: Tecnos, p. 271

[5] El concepto de thema puede resulta muy útil para estudiar la relación del deporte con la cultura, la política y la sociedad. Fue acuñado en la década de 1950 por el historiador de la física Gerald Holton para referirse a los conocimientos irreflexivos o inconscientes, escasamente cuestionados, que utilizan los científicos sin darse cuenta, y que son fundamentales, precisamente, para hacer ciencia. Serían aquellos prejuicios fundamentales, de una índole estable y sumamente difundida, que no son directamente resolubles ni derivables a partir de la observación y del raciocinio analítico. Es decir, atributos que no se ven pero sí se sienten o se inventan y que se asumen como si fueran verdades y formaran parte de la realidad para poder construir el conocimiento.

[6] Ruiz Cazorla, L. J., Chinchilla Minguet, J. L., & López Fernández, I. (2011). Rhetoric and power: the idealism and ‘philosophy of life’ of the olympic movement. Quest , 63 (4), pp. 355-357

[7] Plural de thema.

[8]Agosto de 2015: http://www.marca.com/2015/08/03/atletismo/1438593921.html

[9] Olivera Betrán, J. (2010). Las vías humanísticas del deporte. Apunts: Educación Física y Deportes (99). Olivera que es director de la revista deportiva más importante en nuestro país representa el mejor exponente de esta línea discursiva: “El deporte se ha convertido en una religión laica de carácter universal y patrimonio de la humanidad, que promueve la ejercitación corporal de sus ciudadanos y el encuentro pacífico entre grupos y estados.”. Con este discurso idealizado del deporte se oculta la violencia cultural de los procesos que subyacen detrás de los de mundialización-universalización (presentados como neutros y abstractos) de las prácticas deportivas occidentales y de origen anglosajón. Expresiones aparentemente neutras y casi bucólicas, como ‘popularización’ de los deportes, frecuentemente usadas por la intelligentsia deportiva, disimulan procesos de aculturación deportiva, es decir procesos de dominación cultural en los que las culturas más fuertes, con sus prácticas ‘civilizadoras’, socavan sutilmente a las más débiles mediante un sincretismo ‘forzado’ o bien se imponen directamente sobre ellas haciéndolas desaparecer. De esta manera se lleva a cabo un genocidio cultural silencioso que provoca el retroceso y la desaparición de los juegos y deportes tradicionales de múltiples culturas locales.

[10] Herrera Flores, J. (2005). Los derechos humanos como producto cultural. Crítica del humanismo abstracto. Madrid: Catarata: 49


Sobre el Autor:

Luis Javier Ruiz-Cazorla

Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte (Universidad de Granada)

Profesor de Educación Secundaria

Dr. Europeo en Ciencias de la Educación (Universidad de Málaga)

Miembro del grupo de trabajo Podemos Deporte Andalucía, dirigido por David Moscoso, Diputado de Podemos.

Email: ljulises@gmail.com

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