martes, septiembre 19, 2017
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CONSCIENTE

Enric Parellada

Volvió a ocurrir. Regresaba del pueblo de al lado montado en mi moto y, es cierto, era tarde, de noche, pero volví a ralentizar el ritmo del motor como aquella primera vez. Juro que vi otra niña cruzar esa oscura carretera. Es amplia y muy transitada, pero a menudo, demasiado a menudo, ha habido graves accidentes de tráfico allí. No hace falta que me crean para que yo sea consciente de haber visto ya en dos ocasiones diferentes niñas, – o eran niños – pisando esa fantasmal calzada.

Naces, pero ¿Empiezas a existir ese mismo día? ¿Cuál es tu primer recuerdo? ¿En qué momento sabes que eres tú mismo? Van pasando los años y – quizás por suerte – olvidamos pensar en esto. Creces creyendo saber que lo bueno es bueno, y lo malo es malo. Incluso así, sabiendo que mis padres no quieren que me desplace en mi vehículo al pueblo vecino, lo he hecho ya más de una vez y de dos. La verdad, ya no recuerdo cuantas veces lo he hecho sin que ellos lo supieran. La vida se encarga de colocar las cosas en su sitio, pero plantéate qué es vivir. Dónde está ese punto de inflexión, dónde está aquel diferenciante, eso que te hace destacar. Sentirte realizado. No es tan importante el vivir ocupado como el saber por qué lo quieres. Te interesas en hacer cosas como jugar, estudiar, trabajar, mantener una familia… Y sin cesar, la vida pasa como un tren. Volverá a hacer el mismo recorrido, pero nunca con los mismos pasajeros en los vagones. Enamórate – o no lo hagas – monta una familia, hazla crecer. ¿Qué viene cuando esto acabe? Tratamos de pasar ocupados la inmensa mayoría del tiempo de nuestras vidas y cuando no haces nada, malgastas tiempo por no hacer algo mientras envejeces. Te acercas al día en que ya no podrás seguir viviendo ocupado. Una opción es no hacer nada, sin perder el tiempo. Cada uno lo gestiona como él quiere. Otra cosa no, pero tienes los días contados, el tiempo de vida es el derecho que reciben al nacer todas los seres vivos.

Desvirtúo la vida quizá con necias palabras, asimismo tanto pensar me ha hecho llegar hasta aquí. No tener ninguna motivación por mantenerme ocupado y ver personas que por no tener la capacidad – dejémoslo en no tener la disposición – de enfocar la gestión de su tiempo desde este crudo punto de vista, mueren ocupadamente felices. Envidia, compasión, rabia. El cansancio, la oscuridad, los reflejos e incontables factores más se encargaron de que mi vista viera a esas dos niñas – o eran niños –, la cuestión es que se agruparon en una combinación de elementos productores de esas imágenes en mi mente. No temo su presencia, no los menospreciaré. Si los quiero ver, no aparecen. Si no pienso en ellos… cruzan la calzada desde la línea discontinua hasta el arcén, reduzco la velocidad, desaparecen. Las acabo de ver. Quizás sea una metáfora en esta vida que me indica que la estructura de mi tiempo, la gestión que yo le aplique, ya está montada. No me preocupo en pensar lo que otros no van a pensar, no me preocupa ver cosas que los demás no ven. Y es que, cuando no piense que voy a encontrar algo, lo encontraré. Por lo contrario, de seguir estando dispuesto a ver esas dos niñas – o eran niños–, no las veré. Tendré que mantener mi tiempo ocupado, – ¿Cómo estúpido?– tratando de no querer saber lo que pasará mañana, sin antes atender a lo que me ha pasado hoy.

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