Lunes, Julio 24, 2017
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Catalunya o el amor abstracto por los distantes

“Para comprender verdaderamente el pasado, es necesario tener en cuenta que los hechos son sólo la espuma de la historia. Lo importante son los procesos subyacentes”. Jacques Le Goff

Las reflexiones que he pretendido exponer se enmarcan siempre partiendo de dos puntos que ayudan a contextualizar y a quitar hierro a la situación. En primer lugar, mis reflexiones sobre las relaciones entre España y Catalunya se encuadran en una sociedad líquida donde ningún hecho ajeno al ritmo de la economía global tiene importancia. Y en segundo lugar, en el hecho que de un tiempo a esta parte, la rebelión de las élites ha socavado el Estado de bienestar, ha alterado las coordenadas de nuestro mundo y el ser humano ha dejado de ser la medida de todas las cosas. Sin embargo, para escribir o opinar acerca de la situación catalana actual hay que hacerlo de manera seria porque aquí la política es un tema serio. Me comentaba un amigo italiano que somos muy melodramáticos. Ya lo decía mi bisabuela: ”La vida es puro teatro”. Una de las particularidades ibéricas que mejor se ven desde la península con forma de bota es que nos tomamos demasiado en serio a nosotros mismos.

Me parecería interesante empezar teniendo en consideración algo que escribía el Dr. Harari, en “Sapiens: Breve historia de la humanidad”. El profesor interpreta que la capacidad de los hombres para inventar ficciones y convertirlas en mitos compartidos es lo que ha dado la supremacía actual del homo sapiens en el mundo. Dentro de esta categoría se incluyen desde las religiones o las naciones a los imperios o incluso los derechos humanos. Aunque yo sea más del logos que del mito, no cabe duda que esa es una manera recurrente que han tenido las sociedades para organizarse. Como no recordar a Georges Duby cuando decía que “la huella de un sueño no es menos real que la de una pisada”. Es decir, el discurso, lo que se dice de la realidad, puede, o no, ser verdad, pero sus consecuencias sí son reales, existentes y verdaderas. Por poner un ejemplo polémico, los derechos del hombre y del ciudadano aprobados por la Asamblea Nacional Constituyente Francesa el 26 de agosto de 1789, no son verdades objetivas. Los seres humanos no tenemos derechos naturales. No obstante, estos escritos han creado realidad, solo hay que mirar a nuestras sociedades, grandes deudoras de aquel texto.

Para llegar al momento presente catalán, se debe primero bucear en su pasado. Me pongo abstracto y luego voy aterrizando. En mi opinión, la invención de la tradición, por usar las palabras de Eric Hobsbawn, tiene que ver con la construcción de estos mitos colectivos que tanto le han servido al ser humano. Después de la unificación italiana, Garibaldi diría: “Ahora falta lo más difícil, tenemos hacer italianos”. La tesis de Max Weber de la construcción de la nación desde la administración pública. También me vienen a la cabeza las palabras de Jordi Pujol, sobre el “fet diferencial” de la nación catalana, que sería el único pueblo peninsular con influencia carolingia. Lo que Sigmund Freud definiría como el narcisismo de las pequeñas diferencias: “la obsesión por diferenciarse de aquello que resulta más familiar y parecido”. Por eso, la idea dominante es que Cataluña era una nación diferente a España. Ha hecho falta una larga pedagogía para alcanzar un punto en el que la necesidad de Estado propio sea una demanda social. Aquí me gustaría hacer una crítica al campo que me toca más de cerca, la historia. Decía Lucien Febvre que “la historia que sirve es una historia sierva”. Si se me permite algo de osadía, creo personalmente que el problema es histórico. Pero no en el sentido de que los problemas entre Catalunya y España sean antediluvianos y se proyectan hasta el presente de forma ininterrumpida sino que, como dice José Enrique Ruiz-Domènec, no se puede construir España desde la entelequia de que sobra una parte. Los momentos más grandes de España se han dado cuando no ha sido centralista. Por ejemplo, si se defiende que el gran siglo de España es el Siglo de Oro, el XVII, se entiende España solo como Castilla. En cambio, en el siglo XV hubo una brillantez cultural tanto en el ámbito lingüístico castellano como en el catalán, con literatos como el Marqués de Santillana o Juan de Mena y Ausiàs March o Joanot Martorell, todos influyéndose entre sí. Lo mismo ocurrió en arquitectura. Y comercialmente se dio un gran desarrollo en Castilla y Aragón. Creo que hay que hacer caso a Marc Bloch y “dejar de hablar eternamente de historia nacional a historia nacional”. Otro error clamoroso, hablando de 1714, es el error de convertir la guerra de sucesión –que fue una guerra dinástica y fue una guerra internacional entre dos dinastías que querían dominar Europa, la Borbón y la de Habsburgo– en una guerra de clara tonalidad catalana. Se olvida, entre otras cosas, que la gran batalla se produjo en el reino de Valencia, donde se jugaron las cosas. El gran problema que se encontró Barcelona es que no se enteró de los acuerdos internacionales a que habían llegado ingleses y austríacos. Si se hubiesen enterado con todo detalle no hubieran defendido numantinamente la ciudad. Careció de sentido porque no tenían el apoyo angloholandés, y sin ese apoyo no podían ganar la guerra. No tengo nada en contra de la historia de España(sic) pero sí contra la forma en la que se ha narrado. Se sigue “hablando de historia nacional a historia nacional”.

Otro punto importante en nuestro viaje al presente es que, según Enric Juliana, uno de los problemas de la sociedad catalana es que hay una confusión muy frecuente entre sentimiento y fuerza. Es decir, hay mucha gente que cree que la intensidad del sentimiento sustituye a la fuerza en política, y esto no es así. Tal punto de vista me parece evidente cuando te empiezas a tomar la independencia en serio. Me sirve la definición de Jaguaribe sobre el neobismarkismo. Este se refiere a los países que deben afrontar el proceso de transición de un estado de dependencia colonial o neocolonial a una situación de mayor autonomía e independencia. Un proceso en el que se mezcla nacionalismo y Realpolitik. En síntesis, esta idea apunta a combinar una realpolitik sutil, con un esfuerzo por desarrollar capacidades nacionales y cultivar socios internacionales, con el objetivo de evitar las consecuencias de una más evidente estrategia hegemónica o de balance de poder.

Estas últimas elecciones catalanas han querido conseguir el aura de acción unitaria alcanzada en 1977. Cantantes que protestaron contra el franquismo incluidos. También algo de festividad olímpica del 1992. Hemos visto como ha funcionado el frame impuesto por el establishment catalán. “Impón tu frame y ganarás”, dice George Lakoff. “Lo malo es lo que viene de España porque llevan 300 años de expolio”. Ese es el frame en Catalunya. Fuera de esto ningún argumento es válido. El vencedor de las elecciones con un programa inconcreto, borroso. Resultado: a tres meses de las elecciones generales españolas se habla de la unidad de España, de banderas y no de aquello que denuncia la ondeante brisa Podemos. En el Mediterráneo hay procesos subyacentes; hay corrientes marítimas cubiertas de la espuma salada de las elecciones griegas y catalanas. No se habla de la corrupción y el hecho de que en Francia un año de universidad puede costar menos de 100€ y en España 20 veces más. Y en Catalunya se sigue pensando que tener más dinero significa mejor educación cuando Finlandia, uno de los tres mejores sistemas educativos del mundo, se encuentra en el puesto 106/180 en referencia al porcentaje que supone la inversión en educación respecto al presupuesto gubernamental (gasto público). Será porque vivimos en una sociedad líquida donde ningún hecho ajeno al ritmo de la economía global tiene importancia. Será porque después de 1945 hemos dejado de ser antropocéntricos. Será porque vivimos en la sociedad de las incertezas por el carácter transitorio y volátil de la existencia cada vez más imprevisible. Será porque, como dice Georges Lacan, “la verdad tiene estructura de ficción”. Al final, no hace falta mucho más que “una sociedad que nos ayude a ser buenos”, que nos decía Machado.

Roc Solà
Història a la Autònoma de Barcelona. L'Enric Parellada em va obligar a crear un blog i des de llavors porto La Trivial al cor.
https://rocsola.wordpress.com

3 thoughts on “Catalunya o el amor abstracto por los distantes

  1. De acuerdo con tu análisis de la situación que se ha creado en Cataluña. Apuntar que el ‘frame’ que existe ahora se ha creado desde los círculos independentistas a base de enormes cantidades de dinero. Decir, por ejemplo, que en 2014 Omnium Cultural, una de las asociaciones que componente la lista Junts pel Si, manejaba un presupuesto en torno a los 6,5 millones de euros. Seguramente Podemos, con ese presupuesto, h

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