jueves, septiembre 21, 2017
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Camus y la rebeldía

Esta segunda entrega, plantea ser más una reflexión sobre asuntos tratados en el anterior artículo y el papel fundamental que recorre el existencialismo en la cultura, arte y literatura en el pasado siglo y hasta la actualidad. Siguiendo un poco el hilo conductor, me gustaría ahondar más en las vanguardias que es donde se cristalizan gran parte de -ismos que marcarán un papel fundamental en el arte y en la concepción de ver el mundo. Bajo mi punto de vista, lo que nos enseñan las vanguardias es un rechazo tremendo que sienten los artistas que integran estos movimientos a lo que es la realidad de su momento. Los escritores y artistas de finales del XIX y principios del XX están completamente desilusionados con lo que es la sociedad y lo que es su vida personal. La civilización no ha sido capaz de consolidarse como un proyecto de futuro para tantos jóvenes que han visto sus esperanzas truncadas por la guerra o por los altibajos de la economía, aparece una nuevo modelo de mundo que se irá realizando a medida que se desarrollen las fuerzas productivas. Por eso la juventud se refugia en el arte y en la marginalidad, porque los gobiernos y la cultura del establishment los han educado en unos valores que ellos no creen y que no han sido capaces de darles respuestas a sus preocupaciones, rechazan la vida acomodada y se muestran inconformistas. Los artistas sufren de angustia existencial y a la vez moral, el fruto de sus obras es la irracionalidad y la contradicción que sienten entre lo que ellos viven interiormente y lo exterior que muchas veces no eligen. Este es el punto donde se unen muchas ideas que parecen entrelazadas entre sí: la crítica al sistema capitalista de Marx, la interpretación de los sueños y del individuo de Freud y el superhombre y la construcción personal de Nietzsche. Los esquemas morales del XIX quedan completamente demolidos con las aportaciones filosóficas modernas y así como las luchas de los artistas siempre habían sido la lucha entre el ego y Dios, ahora la lucha se trata de un mismo sujeto, entre las dos realidades que conviven en la misma persona, en el lobo estepario.

Uno de los ejemplos más reconocidos de la literatura existencialista, es el Extranjero, de Albert Camus. En este libro, Camus escribe parte de su vida y parte de ficción para hacer un relato en primera persona sobre cómo el protagonista concibe la vida y cómo de absurda le parece. Por eso no nos debe de extrañar que en el desarrollo de la novela, el protagonista decida matar al árabe, no porque sea racista sino porque desprecia la vida y le da igual la muerte y el sufrimiento ajeno, se da cuenta que su existencia está condenada al fracaso, de la misma manera que él desprecia a su mujer, a sus amigos y a su madre. El protagonista es un infeliz que no se arrepiente de nada porque todo le parece banal y la vida en sí misma le resulta absurda, en los momentos más crudos del desenlace del libro, no se arrepiente de haber elegido su destino y se da cuenta que ha sido él mismo quien ha elegido su propio camino. Esta forma de ver las cosas, cabe decir que es muy exagerada y nos puede parecer algo muy extraño, pero esto no es más que el desarrollo progresivo que ha ido teniendo el existencialismo hasta su forma más visceral y extrema. Este caso no es como Malraux que plantea la antítesis moral, donde el protagonista se da cuenta de las carencias de la vida pero que aún así, contra todo pronóstico quiere luchar para cambiar las condiciones materiales. En el caso de Camus, sus protagonistas son anti-héroes, son simples hombres que no creen en el mundo, no sienten ilusión hacia su propia existencia.

El relato de Albert Camus es sórdido y parece chocante respecto a la visión cultural que tenemos ahora de la vida, más acorde con un nuevo modelo económico neo-liberal donde domina la sociedad del espectáculo. Pero Camus ahonda en la visión pesimista de la vida y nos dice: la existencia es esto, la vida no es nada más que sufrimiento. Como Camus, la generación de escritores de principios del siglo XX que después de los horrores de la guerra mundial y de la recesión económica del 29, prefieren refugiarse en la ficción y en el arte porque no tienen simpatía hacia la realidad, es la lucha entre los dos yo. No sirven de nada unos ideales de bondad en una sociedad corrompida hasta los huesos, son las dos caras opuestas entre Malraux y Camus.

El existencialismo es tan presente y tan vivo hasta nuestros días que incluso podemos ver semejanzas con movimientos acaecidos en las últimas décadas y que siguen siendo recientes en nuestros días, como el surgimiento de la cultura punk o de los movimientos contra-cultura como el 15 M o el Mayo del 68. Con la guerra fría y la posterior caída de los regímenes de la Europa del este, aparece un mundo nuevo y nuevas expectativas desiguales donde los jóvenes muchas veces recurren a la marginación porque es una forma de rebeldía contra el estatus quo y la realidad material. Puede parecer que los esquemas se repiten de nuevo y creo que de Baudelaire a Kurk Cobain, la historia puede ser cíclica y aquellos jóvenes poetas que en el siglo XIX protestaban contra el arte burgués y la irrupción del imperialismo tienen sus semejanzas con el movimiento hippie y el movimiento anti-globalización de la segunda mitad del siglo XX, donde los jóvenes cansados deciden no ir a la guerra y rechazan las tradiciones y la educación de sus padres. Es entonces que tantos jóvenes y adultos recurren al arte para refugiarse en su interior, porque rechazan al mundo. Las mismas ideas son recurrentes, el alcoholismo, lo oculto, el hedonismo y al individualismo. Esta reelectura del existencialismo y del irracionalismo que se origina en el siglo XIX me suscita pensar que es por eso que los artistas siempre han ido contra todo orden, siendo críticos y señalando aquellos problemas que han afectado siempre a los comunidades minoritarias.

Como conclusión, creo importante concienciar de una forma nueva a las generaciones venideras sin dramatizar tanto la realidad. A modo de reflexión final, cabría decir que hace falta un cambio social para que de este emane una nueva cultura popular. Siendo así, podremos acabar con la visión pesimista generalizada en el arte y en la política.

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