sábado, noviembre 25, 2017
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Bolonia es, sin duda, una mujer. Pero…

por Pedro Barata

Bolonia es, sin lugar a dudas, una mujer. Pero no una mujer común. Es la más paradoja de las mujeres. Te seduce lentamente pero con toques de vértigo. Esto significa que no te enamorará a diario. No quedarás permanentemente perplejo o atónito. Pero siempre que, en una casualidad detalladamente programada, entres en una plaza o te pierdas en una calle bajo un pórtico, ahí tendrás una inyección de amor. Como si fuera poco, Bolonia es una mujer con un siniestro deseo de disfrazarse de hombre. Después de una tarde de exhibición de belleza, le gusta enmascararse al anochecer. Sale de su casa, en una calle con olor a pizza cuidadosamente hecha en un horno de leña, y en el verano se sienta de forma cutre en Piazza Verdi bebiendo cerveza de calidad dudosa y en Verano entra en un bar donde toma Limoncello, Amareto y todo la suerte de vinos de todo el tipo. Por la noche, le gusta ser sucia, guarra (o sucio y guarro, dado que el disfraz está tan bien hecho que ilusiona al más profundo conocedor) porque sabe que cuando salga el día volverá a irrumpir llena de sexualidad y brillo, dejando a todos (y todos, que por estas calles desde hace mucho que se sabe que el amor – o el placer – no mira a géneros) caídos a sus pies. Por ultimo, pero no menos importante, la paradojalidad Bolognesa se manifiesta por ser la más fiel de las mujeres infieles. Es infiel, porque desde tiempos distantes ha ido conquistando hombres que se curvaban a su pasaje, que bailaban con ella por breves pero marcantes instantes, hasta que otros llegarán y la bacanal seguirá en una espiral poligámica de proporciones hedonistas. Año tras año, década tras década, pasión tras pasión, Bologna nunca supo (ni tampoco ha querido) ser mujer de un hombre solo. Pero, dentro de su infidelidad, ella consigue nunca traicionar ni decepcionar a quien la ama. Dará a sus amantes lo que tenga, sin lugar a reservas. Esto es lo que me ha enseñado Bologna. 

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