Sábado, Julio 22, 2017
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BLACK MIRROR: ¿Un mundo feliz?

BLACK MIRROR: ¿Un mundo feliz?

Por Blai Burgaya Balaguer

Me fascina la extraordinaria precisión de las predicciones que hizo Aldous Huxley en Un mundo feliz. Se escribió en 1932, desde entonces, nuestra sociedad (la occidental) no ha hecho otra cosa que acercarse a su modelo. Un modelo que se basa en un control exacto de la procreación, haciendo así, que esta acabe estando completamente disociada del sexo. En ese mundo la reproducción humana tendrá lugar en un laboratorio, en condiciones de seguridad y fiabilidad genética. Por lo tanto, desaparecerán las relaciones familiares, las nociones de paternidad y de filiación. A su vez, con los avances farmacéuticos, se eliminarán las diferencias entre las distintas edades de la vida. En el mundo que nos describe Huxley, los hombres de cincuenta años  tienen el mismo aspecto físico, los mismos deseos, y llevan a cabo las mismas actividades que los hombres de veinte años. Más tarde, cuando ya no es posible aplazar el envejecimiento, uno desaparece gracias a una eutanasia consentida; con mucha discreción, sin dramas. La sociedad que describe Un mundo feliz es una sociedad feliz, donde han desaparecido la tragedia y los sentimientos violentos. Hay libertad sexual y no hay ningún obstáculo para la alegría y el placer. Aun así, quedan algunos breves momentos de depresión, de tristeza y de duda; pero se pueden tratar fácilmente con ayuda de fármacos; la química de los antidepresivos y de los ansiolíticos también ha hecho considerables progresos.

A mi parecer este es exactamente el mundo al que aspiramos actualmente, el mundo en el cual desearíamos vivir. Sin embargo, el universo de Huxley se suele describir como una pesadilla totalitaria, se intenta hacer pasar ese libro por una denuncia; pura hipocresía. En todos los aspectos, control genético, libertad sexual, lucha contra el envejecimiento, cultura del ocio, Un mundo feliz es para nosotros el paraíso, es exactamente el mundo al que intentamos alcanzar. Solo hay un detalle que choca un poco con nuestro sistema de valores meritocrático, y es la división de la sociedad en castas, dedicadas a tareas diferentes siguiendo su naturaleza genética. Pero ese es precisamente el único punto que ha llegado a ser más o menos inútil, con el desarrollo de la robotización. Aun así,  no se puede negar que Aldous Huxley tuvo una intuición fundamental: la evolución de las sociedades humanas estaba desde hacía muchos siglos, y lo estaría cada vez más en manos de la evolución científica y tecnológica, exclusivamente.

Para mí, el único error de Huxley fue evaluar mal la relación de fuerzas entre las consecuencias que originó la mutación metafísica que produjeron el materialismo y la ciencia moderna: el racionalismo y el individualismo. Más concretamente, su error fue subestimar el aumento del individualismo producido por la conciencia creciente de la muerte, de la ausencia del más allá. Del individualismo surgen la libertad, el sentimiento del yo, la necesidad de distinguirse y superar a los demás. Pero en una sociedad racional como la que describe Un mundo feliz, la lucha puede atenuarse. La competencia económica, no tiene razón de ser en una sociedad rica, que controla los flujos económicos. La competencia sexual, no tiene razón de ser en una sociedad en la que el sexo y la procreación, están perfectamente separados; pero Huxley olvida tener en cuenta el individualismo. No supo comprender que el sexo, una vez disociado de la procreación, subsiste no ya como principio de placer, sino como principio de diferenciación narcisista y lo mismo ocurre con el deseo de riquezas.

¿Por qué el modelo socialdemócrata sueco no ha logrado sustituir al modelo liberal/neoliberal? Porque la mutación metafísica operada por la ciencia moderna conlleva a la individuación, la vanidad, el odio y el deseo. En sí, el deseo, al contrario que el placer es fuente de sufrimiento, odio e infelicidad. La solución de los utopistas, de Platón hasta Huxley y pasando por Fourier, consiste en extinguir el deseo y con él, el sufrimiento que provoca. En cambio, el extremo opuesto, la sociedad erótico-publicitaria en la que vivimos se empeña en organizar el deseo, en aumentar el deseo en proporciones inauditas, mientras mantiene la satisfacción en el ámbito de lo privado. Para que la sociedad funcione, para que continúe la competencia, el deseo tiene que crecer, extenderse y devorar la vida de los hombres[1].

Así pues, Black Mirror, no cae en los mismos errores que Huxley, pues en esta serie se perfecciona lo que era el Mundo Feliz. La serie es conocida por presentar futuros distópicos donde la tecnología lo es todo en la vida de los seres humanos, pero en la que subyace también la crítica hacia la nueva ciencia o tecnología. Pero en su recién estrenada tercera temporada, Charlie Brooker, Michael Schur y Rashida Jones (los guionistas), se han inventado muy pocas cosas. Pues, la mayoría de tecnologías con las que fantasean en sus episodios ya están inventadas. ¿Entonces, la crítica es hacia la nueva ciencia o hacia la ciencia y tecnologia actuales? En el sexto capítulo de esta tercer temporada hay una frase demoledora que responde a la perfección a esta pregunta: “no esperaba estar viviendo en el futuro, pero joder, sí lo estoy”.

“Cuando hay que modificar o renovar la doctrina fundamental, las generaciones sacrificadas en las que se opera la transformación siguen siendo esencialmente ajenas a ella, y a menudo directamente hostiles.”                                                                                        AUGUSTE COMTE, Llamamiento a los conservadores

[1] LAS PARTICULAS ELEMENTALES, Michel Houellebecq, 1998

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