jueves, noviembre 23, 2017

Bicicleta

Bicicleta

Por Enric Parellada

Paseaba por la calle y un ciclista me atropelló; fue entonces cuando mi mente transitó de mi cuerpo a la bici. El impacto fue brutal, me sentía como nunca antes me había sentido. Cuando intenté levantarme me di cuenta de que no podía. Pensé: ostras, te has quedado inválido por culpa de un maldito ciclista que no se fija por dónde va. Pero entonces me di cuenta de que las cosas no pasaban de la manera convencional. Justo delante de mí el cuerpo que hasta entonces yo había tenido se levantaba, miraba a derecha y a izquierda, sobresaltado, daba un beso al conductor de la bici en los morros y empezó a correr, mientras que de vez en cuando le veía dar algún que otro salto de alegría, hasta que finalmente desapareció. Acto seguido alguien me levantó y empezó a pedalear en mí. Qué extraña sensación esta, la de ser bici, pero jamás me había sentido como entonces.

Vivir para desplazarse, funcionar solo si se quiere ir hacia adelante y no hacia atrás. Yo tenía absolutamente todo el control de la dirección de esa bici, que había pasado a ser mi cuerpo, pero bien, yo me dejaba dirigir. Iba allí donde mi conductor más quería. Era una suerte para mí no ser una bici de aquellas que sus ciclistas usan para ir a trabajar, pues era una bici para el ocio de mi poseedor. La diferencia es bien sencilla, a mi me usaban cuando realmente me querían usar, no por obligación, por resignación, porque no hay otro remedio. De modo que mi conductor al usarme siempre estaba de buen humor porque quería hacerlo. Al cabo de muchos paseos y muchos quilómetros mi conductor y yo conseguimos establecer cierta complicidad innegable. Utilizaba un candado para mí de los más resistentes, hecho que me aseguraba que nadie me robase y me utilizase indebidamente, esto es, que se preocupaba por mi integridad física, corpórea, material. Me limpiaba cuidadosamente siempre que el barro me había salpicado, me hinchaba las ruedas cuando me faltaba aire, me engrasaba la cadena para que no se estropease y me cambiaba las pastillas de freno cuando era necesario. En suma, a lo largo de tantos años de vida, jamás había llegado a ser tan feliz como entonces, pero quería volver a ser persona.

Al tiempo comprendí que cuando mi cuerpo, justo después del accidente con la bici, empezó a correr para alejarse fue porque en el interior de la bici que estaba entonces había una personalidad encerrada. Recuerdo cómo besó a su conductor. No sé si era por lo bien que trata ese señor a su bici, o porque al fin había recuperado un cuerpo humano, la cuestión es que ese beso me llamó la atención. Yo también quería besar a mi amo. Jamás en mi anterior vida había sido homosexual, pero cuando uno sustituye su cuerpo humano por el de una bici, empieza a ver las cosas de una manera mucho más clara. Más esencialista, me atrevería a decir. La cuestión es que tenía que dirigir por primera vez un accidente, que pareciese tan normal como un accidente parece y a poder ser que no ocasionase daño a nadie. Regresar a mi anterior cuerpo era algo que me daba completamente igual, yo solo quería volver a ser persona y después intentaría que mi conductor se enamorase de mí.

Fue en la mañana de un martes cuando salimos a pasear cuando vi a lo lejos un cartero. Andaba en dirección a nosotros. No sé si fueron los nervios, no sé si fue el hecho de que tener un accidente intencionadamente y disimulado no es lo mío, o es que todo pasó como pasó porque tenía que pasar así. Supongo que tomé la dirección de mi marcha demasiado pronto, de manera que mi conductor se dio cuenta del descontrol del vehículo en el que montaba. Al precipitarme le dio tiempo al amo de avisar al cartero de que se apartase, pero incluso así este no entendía nada. Sin embargo se percató de que algo no iba como había de ir.

En el intento de impacto contra el cuerpo del cartero, este se pudo defender con el saco de cartas antes de que la bici colisionase contra él. Al mover el saco de manera tan brusca se abrió y se escamparon muchas cartas por el aire. En efecto mi primera toma de contacto en el impacto fue con una carta. Podría haber sido con cualquier otra cosa que no fuese el cartero, pero no, fue con una carta. Así que tengo que decirte que si me lees es que tenías que recibir una carta, el contenido de la cual se halla en el interior de una bicicleta. Discúlpame.

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