martes, noviembre 21, 2017
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Anotaciones de un ayudante de cocinero (5)

Hoy he leído El comensal de Gabriela Ybarra. Hoy he leído sobre la muerte. A rasgos muy generales la novela está dividida en dos partes que narra la visión de la protagonista sobre dos muertes: la primera, el asesinato de su abuelo en un secuestro; la segunda, la de su madre por culpa de un cáncer. Acabada la lectura lo que me viene a la cabeza es lo siguiente: el ser humano no es portador de paz, ni de luz, ni de alegría, ni de amistad, ni de felicidad, ni de buenos haceres. El ser humano es portador de la muerte. Esa muerte que nos llega desde fuera sin tener nada que hacer, o bien esa muerte que nos corroe desde el interior y que acaba con nuestra integridad física. Esto es lo que a mi me ha hecho sentir esta novela.

Creo que lo que a uno le ha interesado de esta novela es imaginar que quizás, en cierto modo, la autora ha utilizado la narración para conciliarse con sus muertes. A mi me ha atrapado porque me ha hecho pensar en las mías, absolutamente todas. Es cuando uno se encuentra con la muerte una y otra vez en la vida, y una y otra vez uno se vuelve a hacer las mismas preguntas a las que una y otra vez no consigue hallar respuestas.

Hay dos momentos de la novela que expresan con mucha precisión lo que yo he sentido al leerla. Ambos en la segunda parte. Uno es un polvo de la protagonista con un tipo bastante desastroso. La otra es una descripción del estado del tumor en el interior de la madre de la protagonista.

A mi modo de ver la primera de las dos escenas que menciono refleja con cuánta estupidez tratamos de canalizar aquello que nos afecta realmente. Y sin embargo, cuando nos lo ponemos a analizar nos damos cuenta de que lo hecho en realidad es banalizar nuestra percepción del recuerdo. A menudo tendemos a repetir las cosas y pensar que algo volverá a ser tal y como fue, pero nos damos cuenta de que esto no ocurre. Pero sin embargo en la vigilia nos calma. Al despertar todo sigue igual. Es después en la sencillez y estupidez de haber conseguido lo fácil cuando uno se cuestiona si lo hecho era necesario, o si apetecía o no. Es sin duda una manera de combatir el recuerdo, mantenerlo presente. De generarlo de nuevo. A menudo nuestros recuerdos son creaciones que creemos tener muy presentes en la memoria, pero no es así. Nuestros recuerdos del pasado son invenciones desde el presente que guardamos en la memoria con la finalidad de convivir con lo que fuimos, con la finalidad de aceptarse a uno mismo en los aciertos y en las equivocaciones. Pero a decir verdad, lo contrario de lo que a menudo recordamos seguramente es precisamente lo cierto.

La otra escena que menciono es la descripción del efecto del tumor en el interior de la madre de la protagonista. ¿Por qué se nos hace difícil encontrar lo bello en la muerte? Un organismo vivo que deja de funcionar nos asusta, nos da tristeza, nos duele, incluso nos permite establecer una frontera de lo moral y lo inmoral respecto a lo que se puede decir o no. La violencia misma es algo que acostumbramos a censurar, a considerar como algo negativo. La guerra es lo peor. Pero no nos planteamos el porqué de todo esto, y la respuesta, a mi modo de ver, no es tan complicada: la violencia, la guerra, lo censurable, tal y como la literatura, la música, lo bonito y lo placentero, surgen para combatir a la muerte. O al menos para considerarla ajena a nosotros, lejos de uno mismo.

Considero la definición de dicho tumor, como menciono, una preciosa definición de la muerte. Células rebeldes que dejan de hacer su función y se agrupan en la creación de una bomba natural que cuando explote va a pudrir el interior de un organismo vivo. Nos duele la muerte y la sufrimos, ¿pero a qué hemos venido si no a esto? Cuando uno vive la muerte y la violencia desde cerca se da cuenta de que cuanto más imaginativo, más realista se es.

En suma, El comensal me parece una novela que se enfrenta a la muerte. La muerte que nos llega a todos antes o después, pero no la propia, si no la ajena, la de los demás, la de nuestros queridos, la que tendremos que superar. La propia se sufre, supongo, pero por suerte o por desgracia no hay que superarla. Una novela que expresa cómo alguien vivió sus muertes. Algo que sin ser nuevo, no te deja indiferente. Creo que siempre hay una muerte que nos ayuda a comprender las anteriores y a enfrentarnos a las venideras. Creo que uno es capaz de darse cuenta cuando está sensación ocurre. Así es la muerte, ¿cómo sentirse realmente vivo sin ella?

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