lunes, noviembre 20, 2017
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Anotaciones de un ayudante de cocinero (3)

En las últimas semanas he leído a Edgar Allan Poe, primero su novela, cual final sigo todavía sin comprender del todo aunque me gustase mucho, después sus cuentos, la gran mayoría de ellos inolvidables, y finalmente, para el deleite, leí un imprescindible ensayo sobre el escritor del profesor de Literatura Comparada y Teoría Literaria David Roas. Los dos volúmenes de cuentos que en total suman 67 piezas están traducidos por Julio Cortázar y vienen prologados también por este. Y a pesar de que muchas de las historias son de una gran calidad imaginativa y artística, creo que Poe no es solo un artista sino uno de los cerebros más brillantes de los que jamás hayan existido.

Resulta muy interesante leer previamente a los cuentos el prólogo de Cortázar básicamente porque da unas notas biográficas sobre el escritor en torno a las cuales pueden detectarse referencias en sus escritos. Edgar Poe era huérfano de padre y madre, y fue al ser adoptado cuando añadió a su nombre el apellido Allan. Su padrastro recibió una herencia que lo hizo multimillonario, dinero del cual Edgar no vio ni un billete. Él siempre había querido ser poeta, de pequeño devoró una enorme cantidad de poemas los cuales memorizaba. No obstante se vio obligado a cultivar el cuento puesto que ya en el siglo XIX era complicado vivir de la poesía. El cuento no era un género que le desagradase y lo que hacía era vender sus relatos a revistas, las cuales incrementaban brutalmente sus subscriptores cuando la gente sabía que Poe publicaba allí.

Su padrastro pues jamás quiso que Edgar se dedicase a la escritura; él quería que este se dedicase a algo en donde pudiese adquirir reputación entre las clases privilegiadas. De haber sido así Poe jamás hubiera tenido problemas con el dinero.

Las referencias en torno a esto, el hecho de adquirir un nombre que no te corresponde o el hecho de tener problemas económicos y un padrastro millonario que no comparte absolutamente nada, aparecen en sus relatos. Y como muchas otras, que para ello yo recomiendo leer sobre la vida del autor y, por supuesto, su obra.

En efecto Poe tuvo problemas con las drogas. Sobre todo con la bebida; hecho a lo que también se hace referencia en sus relatos. Incluso en su novela aparece en un momento crucial una botella de vino de Oporto. En cuanto a lo que me concierne, reacción completamente personal del que esto escribe, cuando leo a alguien que menciona con asiduidad un acto de su rutina, se apodera de mí ese hacer rutinario del relato, del narrador, de los personajes. Pues al leer demasiadas veces vino Oporto una noche en la que me apetecía escuchar música compré una botella de Oporto y me la bebí entera al ritmo de jazz. Hecho que me destrozó. El impulso me llevó a ello. Semanas después de esto conocí una chica que me preguntó qué estudiaba. Yo respondí que dos años atrás estudié Lengua y Literatura Españolas en Barcelona. Fue entonces cuando ella me dijo que la gente que estudiaba este tipo de carreras hacía cosas muy raras; según me explicó ella tenía unos amigos que quedaban para meterse coca y leerse entre ellos sus poemas.

Eso me dio rabia. Dice Jacobo Siruela que para escribir bien o que para escribir un buen relato, no es tan imprescindible el esfuerzo como si lo es la inspiración, el genio o la virtud. Para argumentar esto explica que Borges a lo largo de una semana sintió que no permanecía a este mundo, que se sentía raro como jamás se había sentido y fue entonces cuando escribió un cuento en el cual el protagonista era un hombre soñado, pero no sabía quién lo soñaba, hecho el cual era su preocupación.

Tú puedes beber tanto Oporto como quieras mientras escuchas música, tú puedes meterte tanta coca como quieras y leer poemas, que esto no hará surgir un genio como el de Poe en el interior de nadie. Entre el somos lo que hacemos, o hacemos lo que somos, me quedo con lo primero. Poe no bebía ni se drogaba para inspirarse, lo hacía porque no soportaba las condiciones de vida que le tocaron vivir. Poe leyó como pocos lo han hecho a lo largo de la historia y en su corta vida supo transmitir en el papel algo parecido a aquello que le pasaba por la cabeza.

Nació el 19 enero de 1809 y murió el 7 de octubre de 1849, buen día para hacer memoria del maestro.

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