domingo, noviembre 19, 2017
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Amancio Ortega, filántropo

Amancio Ortega, filántropo

Por Álvaro Callejón

A finales de marzo conocimos que Amancio Ortega, dueño de Inditex y cuarta fortuna mundial, ha donado 320 millones de euros a la sanidad pública española para la compra de equipos oncológicos. Casi toda la prensa se ha hecho eco de la noticia, centrándose ésta más o menos en lo mismo: exaltar la generosidad del multimillonario español, de modo que quede patente su sensibilidad social. La noticia ha sido, asimismo, recibida con agradecimiento por los lectores, que incluso la han convertido en viral al compartirla masivamente en redes sociales.

Sin embargo, hay algunos motivos por los que podemos dudar de la filantropía de Amancio Ortega. Por algún motivo, la prensa ha omitido el delicado dato de que Ortega utilizó la ingeniería fiscal para evadir casi 600 millones de euros. Otros medios hablan de cifras incluso aún mayores. Si esto es así, el gesto de generosidad se convierte en una limosna de lo más rentable: no sólo proviene de unas ganancias ilícitas, sino que, con el beneplácito y apoyo de la mayoría de medios de comunicación, lava la cara a Amancio Ortega e Inditex.

¿Pero lavar la cara? ¿De qué? Desgraciadamente, Amancio Ortega no es el ejemplo de empresario perfecto. O sí, si los objetivos del empresario son el beneficio a cualquier coste, esto es, la actividad económica despojada de toda ética. Cómo es producida su ropa es algo tan conocido como intencionadamente olvidado: la mayor parte proviene de Bangladés, el Sudeste asiático y China. En cuanto a la producción en Tánger, no muy lejos de aquí, la ONG Setem denunció que las costureras cobran 178 euros por 65 horas de trabajo semanales. En España también se produce ropa para Inditex, en penosas fábricas en lugares remotos donde las empleadas son contratadas en calidad de autónomas. Información sobre la fabricación de la ropa que produce la empresa gallega es fácilmente accesible para cualquiera que esté interesado en ella.

La cuestión es preguntarnos si de verdad Amancio Ortega ha realizado un acto de caridad o no. En primer lugar, lo que se ahorró en impuestos, es decir, dinero que en todo caso pertenece al Estado para revertirlo en sanidad, educación o infraestructuras públicas supera con creces lo que ha donado. Ya solo por este motivo su donación queda en cuestión. En segundo lugar, las donaciones desgravan del Impuesto de Sociedades, por lo que también obtiene beneficio de ellas. Y, en tercer lugar, parece ser que Ortega decide a dónde se debe destinar el dinero que nos pertenece. Que la lucha contra el cáncer debe ser una prioridad nadie lo duda. Pero esta certeza es la que él aprovecha, precisamente, para rodear todo su donativo de bondad y compromiso social.

Para concluir, considero que el asunto merece, al menos, una reflexión. ¿Es, por lo que hemos conocido esta semana, Amancio Ortega un filántropo? Parece claro que no. Si así fuera, su compromiso humanitario no se dirigiría sólo a combatir el cáncer, sino que evitaría a toda costa que mujeres malvivan con los salarios de miseria en países que no sabemos ni situar en el mapa, es decir, evitaría el sufrimiento innecesario. Quizá no sea un filántropo, sino un empresario patriota. Pero tampoco lo cree quien escribe estas líneas. No hay nada más patriótico que pagar los impuestos en el país en el que naciste y de cuyos servicios públicos puedes beneficiarte (aunque no los necesites). Quedarte con dinero de todos los españoles y luego repartir sólo una parte donde tú decides no parece el mejor ejercicio de patriotismo. Pero, además, también es motivo de orgullo que un empresario español cuide a sus trabajadores y trabajadoras españolas. Tampoco es el caso, por lo que conocemos de las condiciones laborales de sus fábricas en España. Mención aparte merecerían los sueldos y contratos que se les ofrecen a las dependientas de las tiendas del grupo Inditex. No, seguramente la única patria que conozca Amancio Ortega sea el dinero.

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