jueves, febrero 22, 2018
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50 reflejos del machismo

Por Clàudia Hidalgo

 

Como cada febrero desde hace 3 años a esta parte, se estrena otra nueva película de la saga de 50 sombras de Grey, y si no voy muy equivocada (y espero no estarlo) está ya es la última. Me indigna mucho que sea la última película, y que el número de películas coincida con el numero de libros. Me indigna ya que hace preguntarme porqué la gente ha consumido este tipo de literatura y después ha ido a consumir esta tipología de películas, donde, más que 50 sombras de Grey hay una sola sombra: la del machismo, en su máximo esplendor. Lo peor del fenómeno 50 Sombras es escuchar comentarios o leer mensajes en las redes sociales de gente que dice necesitar un hombre así en su vida. No, no necesitas una pareja que te acose, ni que te haga soportar todos sus dramas y que te trate mal porque su vida ha sido más o menos agradable.

No estoy aquí para criticar la literatura erótica ni determinadas prácticas o estilos de vida sexuales, ya que entiendo que, dentro de estos ámbitos, para gustos colores, y no soy quién para juzgar a nadie por sus gustos o preferencias, ya sea en un terreno u otro. La cuestión aquí es que ni en la literatura ni en el sexo todo vale. Y me explico de la peor manera que puedo hacerlo: empezando por el final y basándome en el caso concreto para generalizarlo.

No voy a hacer spoiler, aunque el argumento de los tres libros es más básico que el asa de un cubo, por no hablar de la simpleza y absurdez de los diálogos de la película. La trilogía de 50 sombras de Grey nos relata la historia de una chica que decide tener una especie de relación de dominación con el típico hombre guapo, rico y terriblemente machuno que parece que por cliché nos tiene que gustar a todas. La cuestión no está, ni mucho menos, en que decidan tener una relación puramente sexual. Tampoco reside en que dicha relación se base en un contrato que firman las dos partes (Pese a que no creo que la libertad sexual de alguien pueda limitarse y encuadrarse dentro de un contrato); y tampoco está, en el hecho que la relación sexual se base en la dominación del hombre sobre la mujer. No es nada de esto, pero de hecho sí lo es. El problema de toda esta trama es que aquello que inicialmente las dos partes han pactado tiene relevancia fuera de la esfera sexual, y se materializa en una relación toxica.

La protagonista, que si mi memoria no falla se llama Anastasia, se ve invitada por parte de este señor a hacer cosas tan puramente machunas como: depilarse, empezar a hacer ejercicio, tomar píldoras anticonceptivas para así poder tener relaciones sexuales sin condón, encuentra trabajo gracias a su influencia, y lo que definitivamente más me gusta, es que le hace ir a una cena familiar sin bragas. Y me niego a que todo esto se intente hacer caber en la autonomía de la voluntad y la libertad de contratar, ya que, como ya he dicho, el cuerpo de una persona (Y muchísimo menos el de una mujer) puede someterse a las banales reglas de contratos civiles, ya que no somos objetos, y mucho menos sexuales.  En definitiva, esta trilogía está siendo escrita/rodada en el Siglo XXI, pero podría pertenecer al medievo. Así que, la relación que deciden pactar afecta a la vida privada de la protagonista, teniendo que aguantar los múltiples dramas que este señor le hace por cualquier cosa. Lo mejor de todo es que se justifica a lo largo de los tres libros la actitud de este hombre respecto a las mujeres, usándolas solo como objeto sexual, porque su madre biológica sufría alcoholemia y el trauma que le ha quedado parece que lo tenga que pagar con las demás mujeres. A demás, en un momento de la segunda película, la chica le dice que “Eres muy complicado” cuando el hombre le hace drama porque ella decide ir a ver a su madre que vive en las quimbambas (Inciso: Viaje en el que el se presenta porqué sí, sin avisar y acosándola por 272844 vez).

Esta saga tiene diversas críticas. Por un lado, que parezca que sea la abanderada de la literatura erótica cuando, desde mi humilde opinión y nada experimentada, deja mucho que desear y ni de coña merece ser la primera referencia cuando pensamos en éste genero literario.

Por otro lado, con películas así lo único que hacen es normalizar una serie de actitudes y comportamientos que, si bien en la esfera sexual están aceptadas, son inaceptables en una relación, ya sea puramente sexual, de pareja o una simple amistad. Logran definir y perfectamente vislumbrar una relación completamente romántica, entendiendo el romanticismo como la historia absurda que siempre nos han contado, donde tenemos que esperar que los hombres vengan a salvarnos cuando vamos muy borrachas en un bar o cuando necesitamos que nos den su aprobación para sentirnos cómodas con nuestro físico.

Como ya he dicho al inicio, no quiero ni puedo criticar el género erótico ya que no tiene porqué ser machista, y de hecho creo que nos empodera como mujeres, al menos a dejar de lado todos los tabúes que hay en relación al sexo. Hay muchísimas más autoras que se dedican a escribir novela erótica, y que, aunque tal vez tampoco merezcan ser las abanderadas del género, son una alternativa al trillado 50 Sombras de Grey, como por ejemplo Elísabet Benavent o Megan Maxwell, que oye, ni tan mal. Por otro lado, tampoco pretendo rajar de todo lo romántico, que aunque no lo parezca, no tiene porqué incluir actitudes toxicas ni relaciones de dominación. Y espero que, toda esa gente que es disidente o reacia a ver la saga no sea porqué hable de sexo y este mal, sino porque es machista, denigra a la mujer y materializa todo aquello contra lo que estamos luchando.

 

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