Jueves, Julio 20, 2017
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El fantasma del populismo

El fantasma del populismo

Un fantasma recorre Europa, el fantasma del populismo. Todas las potencias de la vieja Europa se han aliado en santa cacería contra este fantasma: Merkel y Lagarde, Hollande y Samarás, republicanos franceses y socialdemócratas alemanes.

¿Dónde está el partido opositor que no haya sido tachado de populista por sus adversarios gobernantes, dónde está el partido opositor que no haya relanzado el estigmatizante reproche de populista, tanto a sus adversarios más avanzados como a sus enemigos más reaccionarios?

Dos cosas se derivan de este hecho.

Todas las potencias europeas reconocen ya al populismo como una potencia.

Ha llegado la hora de que los populistas expongan abiertamente ante el mundo entero su visión, sus objetivos, sus tendencias y opongan a la leyenda del fantasma del populismo una propuesta de partido político.

Con este fin se han reunido en Madrid populistas de las más diversas naciones y han iniciado un movimiento de movilizaciones y alianzas con la intención de cambiar Europa.

La historia de la Unión Europea hasta el día de hoy es la historia de la desestructuración de los estados, de la profundización de desigualdades y de la limitación de la soberanía popular.

Alemania y Grecia, Troica y España, BCE y Portugal, en suma, opresores y oprimidos, han estado enfrentándose entre .

 

Los países del sur, sobre todo los que vivieron tiempos de sangrienta dictadura, vieron en Europa la solución de todos sus problemas, la posibilidad de poner rumbo hacia la libertad, la modernidad, la democracia, el progreso y el bienestar. El “Ser como ellos” era el horizonte de esperanza. Después de tres décadas Europa se presenta, para los países periféricos, en forma de “Ser Para La Muerte” (Sein zum Tode). La integración a la UE como proceso de derrumbamiento (verfallen), de fuga de sí mismo, de profunda transformación del sujeto (estado-nación) en cualquiera anónimo.

Se tiende a confundir Europa con la Unión Europea, o de la diferencia ontológica heideggeriana. La UE es una posibilidad concreta, un “Ser en el mundo”, de articular Europa. La gente como yo, que estamos radicalmente en contra de la Unión Europea, pensamos que ésta manera de articular Europa nunca alcanzará su totalidad. La UE es un proyecto que tiene como condición de desarrollo el desmantelamiento de las estructuras de Estado, la limitación de las democracias nacionales, la desindustrialización permanente en pro de una división europea del trabajo que profundice el carácter asimétrico y desigual del reparto de riqueza. Es una maquinaria que hace irreversible el poder del capital, que minimiza los derechos laborales y que excluye a cada vez más sectores de la sociedad. Es decir, se está destruyendo el Estado social de manera duradera y sistemática, acabando con las prestaciones públicas y todo lo que tiene que ver con aspectos sustanciales del bienestar, desde la salud a las pensiones.

La Unión Europea no sólo divide Europa entre un norte rico y un sur destrozado. El problema de fondo no es otro que la inmensa falta de democracia, transparencia y control público sobre los organismos de poder, esos que llamamos Troica.

Europa camina sin cesar hacia un abismo. O se democratiza o se desintegra. Y precisamente con ésta intención nace la Internacional Populista, el DiEM 25, para generar un espacio de alianza y confluencia de todos los movimientos, organizaciones, partidos, etc. que se oponen al modelo actual, a la UE. La ofensiva neoliberal de las últimas décadas ha tenido graves consecuencias sobre los pueblos del sur. Ahora son éstos los que quieren avanzar hacia proyecto común, con objetivos y acciones compartidos para romper y revertir el régimen de austeridad y democratizar profundamente las instituciones.

Los populistas rechazan ocultar sus opiniones y propósitos. Declaran abiertamente que sus objetivos sólo pueden alcanzarse mediante el derribo pacífico de todo orden político y social hasta ahora existente. Que tiemble la Troica ante una revolución populista. El sur no tiene en ella nada que perder sino su deuda. Tiene una Europa que ganar.

Jordi Romano
Un bon nano

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