jueves, septiembre 21, 2017
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“1984” y los teléfonos móviles

Por: R.G. Celma

Todo el mundo lleva siempre encima su móvil, un aparato con cámara, micrófono y GPS. ¿Envidiaría el dictador de la distopía de Orwell la situación actual?

En la novela de “1984”, se nos presenta un mundo en el que las ideologías totalitarias han triunfado. La sociedad británica es vigilada constantemente a través de cámaras situadas en todos los lugares, incluidos los hogares. Ante cualquier indicio de descontento frente a la dictadura, el sujeto desaparece del mapa, como si nadie lo hubiera conocido nunca.

¿Tan diferente es de nuestro mundo? Es verdad que la gente no desaparece en cuanto detectan que se opone al sistema. ¿Pero qué hay de las cámaras? Las podemos ver en todos los comercios, en cada esquina, en cualquier calle, todo ello justificado con la típica excusa de nuestra seguridad. Siempre hablan de ella cuando nos quieren quitar derechos. El mejor ejemplo es muy reciente, la “ley de seguridad ciudadana” aprobada por el Gobierno del señor Rajoy.

Muy cierto, dirán algunos, pero todavía no hay cámaras en nuestras casas. ¡Eso es porque ya tenemos algo peor dentro! Se llaman teléfonos móviles. Si, esos dispositivos que llevamos a todas partes con nosotros, que cuentan con cámara, micrófono y localización GPS. Y si alguien se queda sin su móvil, ya se encargan las compañías telefónicas de darnos uno a cambio de un una pequeña firma. También se nos regala Facebook, Whatsapp, Spotify, el correo electrónico o la tarjeta de crédito.

En definitiva, dispositivos electrónicos y aplicaciones donde damos información sobre nosotros a sus dueños. Si estos datos se juntan en un mismo perfil, se puede saber qué música escuchamos, qué compramos, quiénes son nuestros amigos, nuestras inquietudes políticas, dónde estamos en cada momento, incluidas manifestaciones, o de qué hablamos por teléfono. Las empresas guardan esta información para utilizarla con fines publicitarios y a veces están obligadas por motivos de seguridad.

Muchos estaréis pensando: bueno, pero yo no soy nadie importante. ¿Qué más da que me vigilen? Eso pensaron los judíos holandeses cuando el Gobierno creó un censo con la religión de cada uno de sus ciudadanos. Al principio esta información se usó para dar subvenciones en proporción al número de creyentes, pero cuando la Alemania nazi conquistó el país pensaron en un fin muy distinto. ¿Quién podía imaginar que algo así pasaría?

El peligro no es tanto para qué se usa esta información, sino el hecho mismo de que exista. Nadie puede asegurar que en el futuro no haya una dictadura totalitaria como la que nos advirtió Orwell y que use toda esta información para eliminar a los opositores al régimen. En cuanto accedan a esta información, sabrán la ideología de la inmensa mayoría de ciudadanos y podrán actuar en consecuencia con una rapidez y una precisión nunca antes vista en la historia de la represión política.

Además, en el mundo de la novela saben que les están vigilando, pero aquí la mayoría de la gente ni siquiera lo sabe o simplemente prefiere no pensar en ello. El Estado les impone la vigilancia y tiene que gastar su dinero en ir a su casa y poner las cámaras. Aquí somos nosotros mismos los que compramos estos aparatos y usamos estos programas voluntariamente. ¡Y nos quedamos tan contentos!

La verdad es que si a uno le da por pensar en el futuro de las tecnologías es normal que se preocupe. Primero fueron los móviles, ahora vemos relojes y gafas inteligentes. Parece una hoja de ruta hacia dispositivos cada vez más “dentro” de nosotros. ¿Acabaremos implantándonos microchips? Ya que hablamos de distopías, imagínate que todo el mundo se los pusiera, imitando a los famosos y que acabaran siendo obligatorios, por nuestro bienestar y seguridad.

Que sirvieran como DNI, calculadora y móvil. Que solo se pudiera pagar a través del dinero electrónico de tu cuenta, asociado a tu chip, evitándose así todo el dinero negro y los crímenes y estafas que este conlleva. Imagina también que emitieran toda la información posible sobre ti, sobre aquello que piensas y que, un día, desconectaran a todos los sujetos peligrosos para el nuevo orden pulsando un botón. Sí, sería la dictadura perfecta y conforme avanza la tecnología estamos más cerca. Los perros ya los tienen, pero en fin, quien sabe.

Lo que sí sabemos es que los mercados de las nuevas tecnologías tienden al monopolio. Google, Facebook, Microsoft, Apple o el caso de Amazon en el mercado de los libros. ¿Qué pasaría si solo pudieras comprar libros en la tienda de Amazon? Podrían hacer desaparecer un libro de la faz de la tierra con toda facilidad, sería un índice de libros prohibidos mucho más eficaz que el de la Inquisición. El caso es que Amazon ya borró dos libros de su tienda y de todos los dispositivos de sus clientes sin ningún aviso. Uno de ellos era “Rebelión en la granja”, el otro “1984”, también de Orwell.

¿Te suena?

Blog de R.G. Celma: http://laplumadeprometeo.blogspot.com.es/

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